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domingo, 4 de septiembre de 2011

Platón vs. Patanjali, filosofía vs. yoga.

Racionero contrapone Platón y Patanjali, pensamiento filosófico y yoga, como clara ilustración de los diferentes caminos que tomaron Occidente y Oriente, respectivamente:
En este programa de uso de la mente se separaron Oriente y Occidente: para llegar al conocimiento, Occidente razona, mientras que Oriente respira. Occidente construye cadenas de argumentos con palabras y conceptos, según unas reglas llamadas lógicas. Esta forma de conocimiento fue propuesta como única válida por los griegos y aceptada después por los europeos, que le añadieron en el siglo XVII el método empírico de observación visual ayudada por aparatos de medición. Es un método muy útil, muy productivo y que ha creado la tecnología moderna. Pero es sólo uno de los métodos de conocimiento, no el método; es un juego con ciertas reglas, un acuerdo entre caballeros que sirve para investigar y manipular algunos aspectos de la naturaleza. Es el juego mental propuesto por los griegos y que a estas alturas de la historia ya ha dado de sí todas sus novedades y comienza a constreñir a la mente con sus reglas. H. G. Wells decía que la razón ha llegado al final de su viaje, y quizás expresaba el sentir de nuestra generación, que anhela un uso más total de todas las facultades mentales, de todas las formas de conocimiento.

(Luis Racionero: Filosofías del underground, p. 90)

Ya tenemos delineados, pues, dos proyectos de conocimiento radicalmente distintos: razón frente a respiración (Racionero se toma aquí una cierta licencia poética, pues aunque el yoga evidentemente centra su atención en la respiración, tampoco es que se pretenda que la respiración nos dará las repuestas a los interrogantes que tenemos planteados).

Platón y Patanjali se nos presentan entonces como dos modelos contrapuestos:
Las formas de conocimiento alternativas, razón y yoga, quedaron sistematizadas por escrito, por primera vez, en el siglo V a. de J.C. en Platón y Patanjali. Platón hizo un juicio de valor de enorme importancia, que marcó decisivamente la dirección del pensamiento occidental desde entonces; Platón puso a Europa en un viaje mental del que no ha salido todavía. Hay razones para suponer que ese viaje está llevando a nuestra civilización por derroteros peligrosos.

Platón rechazaba las nociones de Heráclito sobre el cambio, e hizo esta opción definitiva para Occidente. Contra el mundo en flujo, Platón estableció un estándar de realidad fijo: las ideas eternas e inmutables. Las palabras son su representación física. Las palabras o conceptos son a la realidad lo que una foto es a una película. El cambio, que según Heráclito y los orientales es la realidad, para Platón era inadmisible, porque el cambio hace imposible el conocimiento, o al menos relativo, y ese tipo de conocimiento, para Platón, no tienen ningún valor.

(Luis Racionero: Filosofías del underground, pp. 90-91)

Es más, para Platón el mundo siempre cambiante no es sino una irrealidad de sombras chinescas. Ahí hunde sus raíces el proyecto entero de filosofía occidental, como bien observara Nietzsche muchos siglos después. Todo el edificio de la filosofía occidental está construido sobre esta metafísica dualista e idealista que construyeran Sócrates y Platón. Por consiguiente, lo que a nosotros nos han parecido diferencias claras de pareceres y distancias absolutamente insalvables entre los distintos pensadores no es, visto desde este otro punto de vista, sino meras trifulcas sin importancia sobre el color en que debemos pintar las paredes de la cárcel que nos encierra.

sábado, 3 de septiembre de 2011

El crepúsculo de los ídolos.

Considerado por muchos uno de los libros más asequibles (intelectualmente hablando) de Nietzsche, suele ser recomendado como introducción a la filosofía vitalista e irracional del filósofo alemán. En El crepúsculo de los ídolos, Nietzsche arremete despiadadamente contra la filosofía de Sócrates y Platón que ha venido a marcar a todo el pensamiento occidental en su conjunto, acusándoles de iniciar la decadencia del espíritu griego y, con ello, de ser la razón última de la decadencia de nuestro propio mundo.

El libro, también titulado a menudo Cómo se filosofa a martillazos, propone como solución a esta decadencia una "transmutación de los valores" que caracterizan a nuestra civilización, proyecto que después retomarían filósofos como Heidegger y los pensadores postmodernos, que en buena parte vienen a reflejar las inquietudes de nuestro presente.

Ficha técnica:
Título: El crepúsculo de los ídolos.
Autor: Friedrich Nietzsche.
Editorial: Folio.
Edición: primera edición, Colección Grandes Ideas, Barcelona (España), 2007 (1889).
Páginas: 127 páginas.
ISBN: 84-413-2201-5

miércoles, 31 de agosto de 2011

Byron y la imaginación rebelde como nueva moral.

Racionero ve en la vida y obra de Byron una afirmación de los principios fundamentales del Romanticismo, así como una reacción contra la vida gris, controlada, jerarquizada y aburrida que la incipiente sociedad industrial ya dejaba entrever. Pero, en su opinión, la rebeldía de Byron va mucho más allá de la mera crítica, adquiriendo una connotación positiva (en el sentido dialéctico, al menos) en lo que supone de tanteos y experimentos con una nueva moral que haga resurgir al hombre de sus cenizas:
Byron es el primero en la serie de escritores continuada por Dostoievsky, Nietzsche y Hesse, que plantea la exigencia de una moralidad nueva. (...) Byron plantea la Revolución Cultural romántica contra el clasicismo de la Inglaterra imperialista, comercial y aburguesada. Dice Herbert Read que los clásicos son raccionarios en política porque el clásico quiere imponer un orden al flujo exuberante y barroco de la vida. Los románticos quieren nadar en ese río, romper los diques de la razón clásica y fluir libremente en el río de las emociones. Por eso mismo son revolucionarios en política: razón es autoritarismo, emoción es libertad; los románticos, aunque algunos racionalistas pretendan lo contrario, son los auténticos revolucionarios culturales, anarquistas morales y emocionales no asimilables por el sistema.

(Luis Racionero: Filosofías del underground, pp. 41-42)

Ciertamente, visto de esta forma, la conexión entre el Romanticismo y pensadores como Nietzsche o escritores como Dostoievsky y Hesse debiera ser más o menos evidente. Todos ellos levantan acta de la podredumbre que les rodea, tienen la visión suficiente para observar que el nuevo mundo industrial que se alza ante sus ojos promete sin duda la satisfacción de las necesidades materiales (aun a costa de dejar de lado las preocupaciones espirituales) y se proponen hacer tabula rasa con todo ello y apostar por una nueva moral que, en el caso de Nietzsche, llamaría del superhombre. Con ello no quería sino subrayar que se trataba de un hombre nuevo, construido desde cero, modelado con la arcilla informe que nos dejaba el hombre racionalista e industrial. En parte, cabría decir que aún estamos construyendo esa nueva moral hoy día, reconstruyéndolo el puzzle con piezas de los románticos y Nietzsche, Dostoievsky y Hesse, pero también de Foucault, Derrida y Deleuze, entre muchos otros. Si los conservadores de hoy día les desprecian tanto es precisamente por eso, porque sus respectivos pensamientos representan el embrión de algo nuevo que aún está por venir. Llevamos ya más de un siglo modelando y construyendo y todavía no se aprecian las formas de esa nueva moral del futuro, pero todo parece indicar que es lo que nos espera.

sábado, 13 de marzo de 2010

Ecce homo.

Terminado poco antes de perder por completo sus facultades mentales, Ecce homo es un libro algo enigmático. Se trata de una autobiografía donde el autor hace un somero repaso a su propio itinerario intelectual, escribiendo unas cuantas páginas sobre cada una de sus obras principales y situándolas en el contexto vital correspondiente. En este sentido, es algo inédito en la historia de la filosofía.

En estas páginas, Nietszche se describe a sí mismo como portador de una nueva filosofía que vendrá a sacudir los mismísimos valores sobre los que se asienta nuestra propia civilización (lo que él denomina transvaloración). Convencido de que, al menos desde los tiempos de Platón (si no antes), hemos apostado por unos valores auténticamente nihilistas basados en el nihilismo, la religión cristiana y la negación de todo lo que representa la vida, Nietzsche apuesta, por el contrario, por lo dionisíaco y el superhombre. Polémico y engreído como él solo, merece la pena leer a Nietzsche no obstante si de verdad queremos entender nuestro tiempo.

Leí este mismo volumen hace ya muchos años (allá a finales de los ochenta, quizá), pero me lo he vuelto a encontrar recientemente cuando trasladaba mis libros de una casa a otra. Nunca está de más leer a Nietzsche.

Ficha técnica:
Título:Ecce homo. Cómo se llega a ser lo que se es.
Autor: Friedrich Nietzsche.
Editorial: Alianza Editorial.
Edición: primera edición, novena reimpresión, Madrid (Spain), 1988.
Páginas: 171 páginas.
ISBN: 84-206-1346-0