Mostrando entradas con la etiqueta romanticismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta romanticismo. Mostrar todas las entradas

lunes, 12 de septiembre de 2011

Favorite poems from "Songs of Innocence".

The two poems I like the most from Songs of Innocence can be found towards the end of the book. The first one is titled The Blossom:
Merry Merry Sparrow
Under leaves so green,
A happy Blossom
Sees you swift as arrow
Seek your cradle narrow
Near my Bosom.

Pretty Pretty Robin
Under leaves so green
A happy Blossom
Hears you sobbing sobbing.
Pretty Pretty Robin,
Near my Bosom.

(William Blake: Canciones de Inocencia y de Experiencia, p. 104)

The other one is titled Night, and it is considerable longer:
The sun descending in the west,
The evening star does shine.
The birds are silent in their nest,
And I must seek for mine.
The moon like a flower
In heavens high bower:
With silent delight
Sits and smiles on the night.

Farewell green fields and happy groves,
Where flocks have took delight;
Where lambs have nibbled, silent moves
The feet of angels bright;
Unseen they pour blessing
And joy without ceasing,
On each bud and blossom
And each sleeping bosom.

They look in every thoughtless nest,
Where birds are covered warm;
The visit caves of every beast,
To keep them all from harm.
If they see any weeping
That should have been sleeping
They pour sleep on their head
And sit down by their bed.

When wolves and tygers howl for prey
They pitying stand and weep;
Seeking to drive their thirst away,
And keep them from the sheep.
But if they rush dreadful
The angels most heedful,
Recieve each mild spirit
New worlds to inherit.

And there the lions ruddy eyes
Shall flow with tears of gold.
And pitying the tender cries,
And walking round the fold,
Saying: wrath by his meekness
And by his health, sickness
Is driven away
From our immortal day.

And now beside thee bleating lamb,
I can lie down and sleep;
Or think on him who bore thy name,
Graze after-thee and weep.
For wash'd in lifes river
My bright mane for ever
Shall shine like the gold
As I guard o'er the fold.

(William Blake: Canciones de Inocencia y de Experiencia, pp. 108-110)

sábado, 10 de septiembre de 2011

Canciones de Inocencia y de Experiencia.

Este volumen bilingüe recoge en un mismo libro dos obras del poeta romántico William Blake que fueron publicadas juntas en vida del autor: las Canciones de Inocencia y las Canciones de Experiencia. Con ello, tenemos entre manos un libro que recopila prácticamente toda la formulación simbólica del autor. Da cierta vergüenza ajena, he de reconocer, reproducir las siguientes palabras recogidas en la propia contraportada del libro: "La inocencia y la experiencia representan tanto estados contradictorios del alma humana como situaciones sociales incompatibles en las que confluyen circunstancias materiales y relaciones sociales que implican un cambio de vida". Casi se diría que los autores del estudio introductorio se hubieran propuesto acabar con sus herramientas de disección todo lo que aún pudiera quedar de vida en las palabras de Blake.

Descripción técnica:
Título: Canciones de Inocencia y de Experiencia.
Autor: William Blake.
Editorial: Cátedra.
Edición: primera edición, Madrid, 1987.
Páginas: 169 páginas, incluyendo introducción.
ISBN: 84-376-0668-3

miércoles, 31 de agosto de 2011

Byron y la imaginación rebelde como nueva moral.

Racionero ve en la vida y obra de Byron una afirmación de los principios fundamentales del Romanticismo, así como una reacción contra la vida gris, controlada, jerarquizada y aburrida que la incipiente sociedad industrial ya dejaba entrever. Pero, en su opinión, la rebeldía de Byron va mucho más allá de la mera crítica, adquiriendo una connotación positiva (en el sentido dialéctico, al menos) en lo que supone de tanteos y experimentos con una nueva moral que haga resurgir al hombre de sus cenizas:
Byron es el primero en la serie de escritores continuada por Dostoievsky, Nietzsche y Hesse, que plantea la exigencia de una moralidad nueva. (...) Byron plantea la Revolución Cultural romántica contra el clasicismo de la Inglaterra imperialista, comercial y aburguesada. Dice Herbert Read que los clásicos son raccionarios en política porque el clásico quiere imponer un orden al flujo exuberante y barroco de la vida. Los románticos quieren nadar en ese río, romper los diques de la razón clásica y fluir libremente en el río de las emociones. Por eso mismo son revolucionarios en política: razón es autoritarismo, emoción es libertad; los románticos, aunque algunos racionalistas pretendan lo contrario, son los auténticos revolucionarios culturales, anarquistas morales y emocionales no asimilables por el sistema.

(Luis Racionero: Filosofías del underground, pp. 41-42)

Ciertamente, visto de esta forma, la conexión entre el Romanticismo y pensadores como Nietzsche o escritores como Dostoievsky y Hesse debiera ser más o menos evidente. Todos ellos levantan acta de la podredumbre que les rodea, tienen la visión suficiente para observar que el nuevo mundo industrial que se alza ante sus ojos promete sin duda la satisfacción de las necesidades materiales (aun a costa de dejar de lado las preocupaciones espirituales) y se proponen hacer tabula rasa con todo ello y apostar por una nueva moral que, en el caso de Nietzsche, llamaría del superhombre. Con ello no quería sino subrayar que se trataba de un hombre nuevo, construido desde cero, modelado con la arcilla informe que nos dejaba el hombre racionalista e industrial. En parte, cabría decir que aún estamos construyendo esa nueva moral hoy día, reconstruyéndolo el puzzle con piezas de los románticos y Nietzsche, Dostoievsky y Hesse, pero también de Foucault, Derrida y Deleuze, entre muchos otros. Si los conservadores de hoy día les desprecian tanto es precisamente por eso, porque sus respectivos pensamientos representan el embrión de algo nuevo que aún está por venir. Llevamos ya más de un siglo modelando y construyendo y todavía no se aprecian las formas de esa nueva moral del futuro, pero todo parece indicar que es lo que nos espera.

martes, 30 de agosto de 2011

La revolución romántica de Blake.

La primera gran corriente que Racionero estudia como componente fundamental de la gran corriente underground es el romanticismo inglés, firme defensor de la imaginación y los sentimientos, lo irracional y oculto, frente al imparable avance de un racionalismo encarnado en el naciente capitalismo industrial:
Blake fue el primero que, en medio del entusiasmo y la admiración por la ciencia y la tecnología de la revolución industrial, denunció el esclavizamiento físico que traerían los "oscuros molinos satánicos" (dark satanic mills) y la esclavización mental que causaría la "visión única y el sueño de Newton". Blake fue el primero en cuya obra la liberación mental y la social están inseparablemente tratadas.

(Luis Racionero: Filosofías del underground, pp. 25-26)

Conviene no olvidar, eso sí, que muchos de esos escritores románticos ingleses fueron en realidad hijos de la clase acomodada, ricachones con suficiente tiempo libre como para dedicarse a sus poesías y sus viajes mientras la mayoría de sus conciudadanos se afanaban en salir adelante en los sucios barrios industriales que tan claramente describieran Dickens o Engels. Obviamente, no por ello dejaban de tener parte de razón en sus admoniciones contra los excesos de una industrialización forzada que hundía a sectores enteros de la población en la miseria para enriquecer a unos cuantos, al tiempo que hacía añicos la alta cultura que había existido hasta entonces. Porque, no lo olvidemos, buena parte de la reacción romántica ante el proceso industrializador tiene bastante que ver con un elitismo reaccionario y nostálgico de la sociedad aristocrática que ya estaba en claro declive, aunque ello no quite para que reconozcamos que, desde entonces, sus quejas son precisamente las mismas que venimos repitiendo todos los que nos empeñamos en defender parcelas de libertad y autonomía individuales frente a una estructura social cada vez más poderosamente uniformizadora. En ese sentido, todavía se le puede sacar partido al romanticismo.