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martes, 9 de agosto de 2011

Contraposición de amor infantil y amor adolescente o maduro

Comparación del amor vivido desde la infancia con el que se experimenta en la adolescencia y la madurez:
El contenido de mis sospechas me obligó a ser consciente de la diferencia entre el amor en la infancia y en la adolescencia. Podía ser que en la infancia la piel se enardeciera como después o más, pero quizá no se llegaba a ninguna forma de profundidad mental porque las almas no se enredaban en un denso tejido de malentendidos, hijos de los pliegues que las conciencias sólo empiezan a tener már tarde, cuando ya sienten y saben que la transparencia es una ilusión, y que el amor es una sucesión de preguntas mal formuladas y respuestas mal entendidas.

(Jesús Ferrero: Balada de las noches tristes, pp. 133-134)

O, lo que es lo mismo, que la edad lo complica todo, tal vez muy a nuestro pesar.

Fragmento autobiográfico de un joven inquieto

El siguiente fragmento tiene toda la marca de ser realmente autobiográfico, de tratarse de una descripción del propio Jesús Ferrero como adolescento sensible e inquieto, interesado por las artes y necesitado de encontrar la válvula de escape que le permitiese expresar todo eso que llevaba dentro:
...en muy poco tiempo pasé, casi sin mediación, de la literatura juvenil a leer El extranjero y La náusea, a los quince años, y las novelas de Fizgerald y Hemingway a los dieciséis. Poco después descubrí a los surrealistas y empecé a leer traducciones en español y francés de poesía china y japonesa, y más tarde me acerqué a la novela iberoamericana, al nouveau roman y al noveau cinema, de forma que llegué al final del bachillerato convertido en un pedante peligroso y enloquecido.

(Jesús Ferrero: Balada de las noches tristes, p. 116)

La descripción llega a lo más hondo porque, como adolescente, tampoco me diferenciaba mucho de lo que ahí describe Ferrero. Eso sí, él tomó el camino de la literatura y el arte y yo preferí el del ensayo y la militancia política (sin que ello implique, ni muchísimo menos, que no tuviera también mis inquietudes literarias y artísticas). Eso sí, el punto en común de ambos casos es la pedantería y el enloquecimiento a fuer de caminar por un camino nada trillado a esa edad.