domingo, 28 de marzo de 2010

Sobre la pose "revolucionaria" de las bandas de rock.

Aunque el libro de Ordovás representa una buena síntesis de lo que representó el rock ácido de California a finales de los sesenta y principios de los setenta, peca en exceso de una retórica grandilocuente en lo que respecta a los efectos sociales y políticos de la música rock. Se trata, por otro lado, de una defecto muy típico entre quienes escriben sobre los movimientos musicales más o menos contraculturales (el rock ácido, el punk...). A menudo se confunde lo revolucionario con la mera pose rebelde, la adopción de modas y costumbres rompedoras con lo tradicional, pero no por ello necesariamente revolucionarias ni transformadoras. Se confunde la transgresión con la revolución, la imagen con el contenido. Esto viene sucediendo, al menos, desde la década de los sesenta, precisamente, y ha llegado a extenderse como un auténtico cáncer entre las filas de la izquieda sociológica por casi todo el mundo. Ni que decir tiene que dicha evolución no hace sino incrementar las posibilidades de que cualquier tipo de contestación sea fácilmente asimilada por el establishment, pues la crítica no pasa nunca de lo más superficial.

El gurú tramposo.


Este volumen recopila algunas de las últimas charlas y conferencias de Alan Watts, reconocido orientalista británico (aunque residente en los EEUU) y protagonista del movimiento contracultural de los años sesenta junto a personalidades como Allen Ginsberg, Timothy Leary, Ken Kesey o Gary Snyder. Suya fue la principal iniciativa que condujo a la introducción de filosofías orientales como el budismo zen o el taoísmo en las sociedades occidentales. Estre libro recoge, como decíamos, unas cuantas charlas sobre temas de lo más diverso que acaban por mostrar el espíritu bromista y ligero de un gurú que se negaba a tomarse las cosas demasiado en serio, recomendando de hecho más bien lo contrario. Watts tenía el don de conectar los grandes conceptos de la sabiduría oriental con la vida contemporánea en el Occidente tecnificado, por lo que inevitablemente se convirtió en uno de los líderes de aquellos hippies que a finales de los sesenta creyeron necesario equilibrar el racionalismo y cientifismo propios de nuestra civilización con el recurso al instinto y lo transcendente (si bien en una forma que huía del dogmatismo institucionalizado de las grandes religiones monoteístas) que llegaban de Oriente.

Ficha técnica:
Título: El gurú tramposo.
Autor: Alan Watts.
Editorial: Kairós.
Edición: primera edición, Barcelona (Spain), enero de 1987 (1974).
Páginas: 113 páginas.
ISBN: 84-7245-166-6

Interesante contraposición entre San Francisco y Los Ángeles.

Ordovás hace una interesante contraposición entre San Francisco y Los Ángeles como centros de donde irradia esta nueva música y el movimiento social que lo acompaña:
La Bahía de San Francisco contaba con Berkeley, una de las universidades más superpobladas de los USA; con Haigh-Ashbury, uno de los barrios más jóvenes y excéntricos; con un puerto internacional de primer orden; con una ciudad abierta a todas las culturas, rica, con grandes parques, con San Bruno, San Mateo, Palo Alto, San José, San Carlos, San Leandro, Mill Valley, Marin County, y toda una interminable serie de pequeñas comunidades de una gran vitalidad cultural y con una diversa y amplia escena folk, que sirvió de base a la creación de un inmenso número de grupos de rock, que nacieron con la expresión propia y característica de la comunidad —Berkeley-San Francisco-Palo Alto— en la que se gestaron. (...)

Los Ángeles, por el contrario, era una ciudad-estudio, no sólo en lo referente al mundo cinematográfico, sino en el apartado de la industria del disco. (...) La ausencia de una universidad cercana con grandes masas revolucionarias, la inexistencia de precedentes musicales y literarios emparentados con la generación beat, y la insolidaridad de los dos grandes grupos culturales y raciales -mejicanos y angloamericanos- de la región, no hicieron de esta ciudad un centro vivo y auténtico de experiencias "enrollantes", sino que la industria se limitó a ir absorbiendo las distintas y sucesivas avalanchas revolucionarias, depurándolas, sofisticándolas y comercializándolas a nivel nacional e internacional, mientras que San Francisco se convirtió en la capital imaginativa a nivel comunitario y vivencial, quedando para Los Ángeles la capitalidad de la industria discográfica de California.

(Jesús Ordovás: pp. 18-20).

Hasta cierto punto, esa diferencia entre ambas ciudades sigue estando ahí. La innovación, creatividad y heterodoxia aún provienen de la zona de la bahía de San Francisco, mientras que Los Ángeles se ha convertido con el paso del tiempo en un claro ejemplo de megalópoli desestructurado, carente de centro y de personalidad propia, caótico magma donde conviven un enorme número de comunidades de lo más diversas sin que pueda encontrarse nada en común, ningún hilo conductor que sea capaz de proporcionarles una personalidad propia.

sábado, 27 de marzo de 2010

A bopper's user guide.

When Cobb Anderson returns to Earth and finds himself (himself?) in the body of a robot, he discovers a note that the boppers left for him:
Dear Dr. Anderson!

Welcome to your new hardware! Use it in good repair as a token of gratitude from the entire bopper race!

User's Guide:

1) Your body's skeleton, muscles, processors, etc. are synthetic and self-repairing. Be sure, however, to recharge the power-cells twice a year. Plug is located in left heel.

2) Your brain-functions are partially contained in a remote super-cooled processor. Avoid electromagnetic shielding or noise-sources, as this may degrade the body-brain link. Travel should be undertaken only after consultation.

3) Every effort has been made to transfer your software without distortion. In addition we have built in a library of useful subroutines. Access under password BE-BOPALULA.

Respectfully yours,

The Big Boppers

(Rudy Rucker: p. 112)

The "library of useful subroutines" includes, among other things, the capability to get drunk by quickly inhaling or exhaling through the right or left nostril of his nose, as well as a special program to make love. There is, of course, also a menu option for self-destruction, just in case he finds himself cornered in a difficult spot. In cases like this, Rucker definitely shows his comic side.

California, tierra prometida.

El fenómeno del rock ácido que surge en California hacia mediados de la década de los sesenta (con todos los demás factores concomitantes: los beatniks, el movimiento hippie, la influencia del orientalismo y el LSD, etc.) no puede entenderse sin conocer también la peculiar naturaleza del estado que lo vio nacer:
Mucho antes de que se descubriera oro en California, pero sobre todo desde entonces (1848), la larga franja de valles, montañas y playas que se extiende desde Oregón a Mejico, se convirtió en sinónimo de "paraíso", creándose toda una leyenda sobre la belleza de sus paisajes, la fertilidad y riqueza de sus tierras, la benignidad de su clima y las casi infinitas posibilidades de realización humana que ofrecían las costas del Pacífico, conviniéndose a centrar en aquellas tierras emigrantes de todos los continentes que, aplicando métodos de explotación racionalizada, convirtieron al antiguo territorio mexicano en el Estado más próspero de la Unión, alcanzando en el curso del siglo XIX, y, sobre todo, después de la Segunda Guerra Mundial, cotas de desarrollo agrícola, industrial y cultural envidiables con respecto al standard occidental.

(Jesús Ordovás: p. 8)

Efectivamente, California siempre ha sido vista por los propios estadounidenses como una especia de tierra prometida dentro de una ya de por sí tierra prometida (los EEUU en su conjunto). La amalgama de culturas que se encuentra en sus tierras ha dado lugar a un boom de innovación, creatividad y espíritu emprendedor que difícilmente podemos encontrar en ningún otro lugar del planeta. No es casualidad que buena parte de los estadounidenses se refieran a California como "the land of nuts and honey" (haciendo hincapié en el doble significado de la palabra nuts, que lo mismo significa nueces o frutos secos, que también puede usarse para referirse a una pandilla de pirados). Sea como fuere, pocos sitios hay en todo el orbe donde se acepte más de buena gana la excentricidad y la heterodoxia en cualquiera de las esferas de la vida. No es casual, por ello, que un movimiento como éste viera la luz precisamente allí, como tampoco es casualidad que tanto la industria cinematográfica como las nuevas tecnologías nacieran en ese mismo estado. El aire mismo de California promueve la herejía, el riesgo y la innovación.

El rock ácido de California

Narración del movimiento psicodélico que naciera en California a mediados de la década de los sesenta, combinando folk y rock para dar lugar a grupos como Jefferson Airplane, Grateful Dead, Country Joe & The Fish, The Byrds, Love y muchos otros que vinieron a encarnar musicalmente el espíritu inconformista de toda una época. Su música sirvió de himno a las contestaciones estudiantiles de aquellos años y acompañó las experiencias vitales de quienes lanzaron el movimiento hippie. Todo un somero repaso a unos cuantos años que, según algunos, contribuyeron a cambiar el mundo, si bien no necesariamente en el sentido en que sus protagonistas quisieron. Aparte de una decente introducción a la realidad social y cultural de la California de entonces, Jesús Ordovás hace también un somero repaso a la historia de las bandas más representativas de este estilo musical e incluye unas cuantas letras de canciones en inglés con su correspondiente traducción al castellano.

Ficha técnica:
Título: El rock ácido de California.
Autor: Jesús Ordovás.
Editorial: Júcar.
Edición: segunda edición, Madrid (Spain), abril de 1984 (1976). Colección Los Juglares, número 23.
Páginas: 237 páginas.
ISBN: 84-334-2023-2

miércoles, 24 de marzo de 2010

Software.

First volume of Rudy Rucker's Ware Tetralogy, and considered one of the original examples of cyberpunk literature, Software narrates the story of Cobb Anderson, a retired computer scientist who figured out a way to give robots artificial intelligence akin to that of a human and free will, thus creating the race of the boppers. By the year 2020, these boppers have created a highly complex and developed society on the Moon and send a duplicate of Anderson to his retirement home in Florida to offer him the gift of immortality. But the "immortality" given to Anderson turns out to be having his mind transferred into software via a brain-destroying tecnique.


Technical description:
Title: Software.
Author: Rudy Rucker.
Publisher: Avon Eos.
Edition: first Avon printed edition, New York (USA), October 1987 (1982).
Pages: 167 pages.
ISBN: 0-380-70177-4

sábado, 13 de marzo de 2010

Ecce homo.

Terminado poco antes de perder por completo sus facultades mentales, Ecce homo es un libro algo enigmático. Se trata de una autobiografía donde el autor hace un somero repaso a su propio itinerario intelectual, escribiendo unas cuantas páginas sobre cada una de sus obras principales y situándolas en el contexto vital correspondiente. En este sentido, es algo inédito en la historia de la filosofía.

En estas páginas, Nietszche se describe a sí mismo como portador de una nueva filosofía que vendrá a sacudir los mismísimos valores sobre los que se asienta nuestra propia civilización (lo que él denomina transvaloración). Convencido de que, al menos desde los tiempos de Platón (si no antes), hemos apostado por unos valores auténticamente nihilistas basados en el nihilismo, la religión cristiana y la negación de todo lo que representa la vida, Nietzsche apuesta, por el contrario, por lo dionisíaco y el superhombre. Polémico y engreído como él solo, merece la pena leer a Nietzsche no obstante si de verdad queremos entender nuestro tiempo.

Leí este mismo volumen hace ya muchos años (allá a finales de los ochenta, quizá), pero me lo he vuelto a encontrar recientemente cuando trasladaba mis libros de una casa a otra. Nunca está de más leer a Nietzsche.

Ficha técnica:
Título:Ecce homo. Cómo se llega a ser lo que se es.
Autor: Friedrich Nietzsche.
Editorial: Alianza Editorial.
Edición: primera edición, novena reimpresión, Madrid (Spain), 1988.
Páginas: 171 páginas.
ISBN: 84-206-1346-0

viernes, 12 de febrero de 2010

Burning Chrome.

Burning Chrome is a collection of short stories written by William Gibson, one of the founding fathers of the cyberpunk movement in science fiction. A good amount of the stories happen in the Sprawl fictional location, invented by Gibson and center of his popular Sprawl Trilogy. Originally published in 1986, this book includes some of the best known stories of the cyberpunk subgenre: Johnny Mnemonic (which would also become a movie of the same title, directed by Robert Longo and starring Keanu Reeves, who would later become popular thanks to the Matrix Trilogy), Fragments of a Hologram Rose (Gibson's first published work, originally published in 1977), New Rose Hotel and The Gernsback Continuum. While most of the stories are penned by William Gibson alone, some others are written together with somebody else.

Technical description:
Title: Burning Chrome.
Author: William Gibson.
Publisher: Harper Collins.
Edition: reprint, paperback edition, London (UK), 1995 (1986).
Pages: 220 pages.
ISBN: 0-00-648043-8

martes, 19 de enero de 2010

The Language of Mathematics. Making the invisible visible.

Well known NPR commentator Keith Devlin writes about the history and current state of the field of Mathematics for the general reader. Along the way, he shows us how the invisible patterns behind the world that surrounds us can be deciphered with the help of this usually thought of as arid discipline of human knowledge. The reality is that Mathematics is a central part of our culture and we should perhaps be more familiar with it than we are.


Technical description:
Title: The Language of Mathematics. Making the invisible visible.
Author: Keith Devlin.
Publisher: Henry Holt & Company.
Edition: first hardcover edition, New York (USA), 2002 (1998).
Pages: 344 pages, including index.
ISBN: 0-8050-7254-3

lunes, 18 de enero de 2010

Bestsellers and literature.

I must admit I am no fan of bestsellers, generally speaking. No, it is not intellectual arrogance. Back when I was younger, I did have an uppity attitude towards bestsellers and people who read them. I automatically ruled them all out as trash literature, centered on high brow works (most of them non-fiction, I must also admit) and felt superior for doing so. But that was a long time ago. When I was still in my late teens. Not anymore. I don't have a problem reading bestsellers and, as a matter of fact, find them quite useful to promote reading among the younger generations. After all, the Harry Potter series has made readers in the millions, something that nobody would have accomplished with the time-tested classics. That's for sure. I fail to see how that could be bad for society at large, honest.

So, if the right book shows up and enjoy a lot of popularity in the market, I don't have a problem reading it too. I won't turn it down just due to the fact that it is popular, as some people do. Yet, I must also admit that, in general, most bestsellers leave me wanting more. Sure, they are full of action, packed with intrigue and thrilling stories most of the time, but I feel as if they lack something. For the most part, I tend to find them quite superficial, even prosaic. For starters, one doesn't know if the author truly wanted to write a book or just a draft script for a new movie. In other words, most of the time it's quite clear that the author doesn't give a rat's ass about literature or books, and is truly writing with an eye in the Hollywood producers. Is that necessarily bad? No, not really, but when I want to watch a movie I go watch a movie. Reading a book that only contains dialogue and no descriptions sort of feels precisely like that, like an unfinished script. I suppose that was to be expected in an era dominated by TV. Is that my only problem with bestsellers? Not really. The characters tend to be quite superficial, without much depth to them at all (again, it's the action that matters, just as in any blockbuster). Also, they tend to simplify their topics quite a bit. There are no shades of gray. It all tends to be black or white, good or evil. Again, as in any contemporary blockbuster.

Does any of this apply to Stephen King's Cell? Well, to a great extent, yes. Reading Cell, I had the feeling that Stephen King had just written a story about zombies, although in this case they are not dead people who return to life but rather regular folks who are infected by a virus spread via their cell phones. If you've watch any of Hollywood's many movies about zombies, pretty much everything applies to this book too. He is just taking a contemporary technology as an excuse, that's all. Is that bad? No, not really. But is it good? Truly, what does it give us? There isn't much new and original about the story, otherwise. Is the book entertaining? Sure it is. Isn't that what a book is all about? Well, it depends. If all you are looking for when you sit down to read is pure entertainment, Cell will be OK. On the other hand, if you want to be inspired, if your aim is to broaden your mind, to learn something new, to put yourself in somebody else's shoes and learn something new about life, see things from a different perspective... well, you will get none of that from this book. As I said, it's pure entertainment. And that is neither intrinsecally good nor bad.

sábado, 9 de enero de 2010

Cell.

This is an apocalyptic horror novel. A New England artist visiting Boston to sign a publishing deal gets caught in the middle of a nightmare scenario when a strange signal broadcasted through the cell phones turns the majority of humans into zombie-like creatures.

Like so many other Stephen King's novels, the book received plenty of accolades from critics and readers alike. As of November 2009, it seems as if a film adaptation of the book is in the works and Stephen King himself was in charge of the screenplay. The Internet Movie Database has also published some information about it here.

Technical description:
Title: Cell.
Author: Stephen King.
Publisher: Hodder & Stoughton.
Edition: first hardcover edition, London (UK), 2006.
Pages: 399 pages.
ISBN: 0-340-92144-7

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Contra el socialismo en un solo país.

A las críticas que ya he lanzado contra Trotsky en este campo, cabría añadir ahora la siguiente cita:
El programa efectivo de un Estado obrero aislado no se puede proponer por fin "independizarse" de la economía mundial, ni mucho menos edificar "en brevísimo plazo" una sociedad socialista nacional. Su objetivo no puede consistir en obtener el ritmo abstractamente máximo, el ritmo óptimo, es decir, el mejor, sino aquel que se desprenda de las condiciones económicas internas e internacionales, ritmo que consolidará la posición del proletariado, preparará los elementos nacionales para la sociedad socialista internacional del mañana, y a la par y sobre todo, elevará sistemáticamente el nivel de vida de la clase obrera, robusteciendo su alianza con las masas no explotadoras del campo. Y esta perspectiva debe regir íntegra durante toda la etapa preparatoria, esto es, hasta que la revolución triunfe en los países más avanzados y venga a sacar a la Unión Soviética del aislamiento en que hoy se halla.

(León Trotsky: p. 46)

Se trata, una vez más de una retórica intachable que, sin embargo, tiene más bien poco contenido. Trotsky critica frontalmente el concepto de socialismo en un solo país, cierto. Habla de la revolución socialista mundial como el objetivo, también cierto. Pero lo que no acierta a responder es cómo pueden actuar los gobernantes soviéticos desde la realidad histórica que les tocó vivir. Adviértase, en este sentido, la etérea descripción que hace Trotsky del camino a seguir: alcanzar e imponer el "ritmo que consolidará la posición del proletariado, preparará los elementos nacionales para la sociedad socialista internacional del mañana, y a la par y sobre todo, elevará sistemáticamente el nivel de vida de la clase obrera, robusteciendo su alianza con las masas no explotadoras del campo". ¿Y qué significa exactamente toda esta palabrería? ¿Qué medidas concretas defiende para marcar esa línea? ¿En qué demonios consiste el "ritmo que consolidará la posición del proletariado"? ¿En elevar el nivel de vida de la clase obrera, quizá, como dice a continuación? ¿Y no es eso acaso lo que quiso hacer el régimen soviético, por más que fracasara estrepitosamente en el intento?

Para concluir, que uno no acierta a ver en Trotsky y sus propuestas alternativa seria alguna al fracaso calamitoso que acabó por suponer el comunismo soviético. A lo mejor, en lugar de mirar a otras corrientes comunistas para ver si traen la salvación a su crisis actual, los comunistas harían mejor en reconsiderar sus planteamientos desde cero. A mí, desde luego, me parece mucho más lógico y sensato.

martes, 8 de diciembre de 2009

Concepto central de la revolución permanente.

He aquí el concepto central del libro:
La teoría de la revolución permanente, resucitada en 1905, declaró la guerra a estas ideas, demostrando que los objetivos democráticos de las naciones burguesas atrasadas, conducían, en nuestra época, a la dictadura del proletariado, y que ésta ponía a la orden del día las reivindicaciones socialistas. En esto consistía la idea central de la teoría. Si la opinión tradicional sostenía que el camino de la dictadura del proletariado pasaba por un prolongado período de democracia, la teoría de la revolución permanente venía a proclamar que, en los países atrasados, el camino de la democracia pasaba por la dictadura del proletariado. Con ello, la democracia dejaba de ser un régimen de valor intrínseco para varias décadas y se convertía en el preludio inmediato de la revolución socialistas, unidas ambas por un nexo continuo. Entre la revolución democrática y la transformación socialita de la sociedad se establecía, por lo tanto, un ritmo revolucionario permanente.

El segundo aspecto de la teoría caracterizaba ya a la revolución socialista como tal. A lo largo de un período de duración indefinidad y de una lucha interna constante, van transformándose todas las relaciones sociales. La sociedad sufre un proceso de metamorfosis. Y en este proceso de transformación cada nueva etapa es consecuencia directa de la anterior. Este proceso conserva forzosamente un carácter político, o lo que es lo mismo, se desenvuelve a través del choque de los distintos grupos de la sociedad en transformación. A las explosiones de la guerra civil y de las guerras exteriores suceden los períodos de reformas "pacíficas". Las revoluciones de la economía, de la técnica, de la ciencia, de la familia, de las costumbres, se desenvuelven en una compleja acción recíproca que no permite a la sociedad alcanzar el equilibrio. En esto consiste el carácter permanente de la revolución socialista como tal.

El carácter internacional de la revolución socialista, que constituye el tercer aspecto de la teoría de la revolución permanente, es consecuencia inevitable del estado actual de la economía y de la estructura social de la humanidad. El internacionalismo no es un principio abstracto, sino únicamente un reflejo teórico y político de carácter mundial de la economía, del desarrollo mundial de las fuerzas productivas y del alcance mundial de la lucha de clases. La revolución socialista empieza dentro de las fronteras nacionales; pero no puede contenerse en ellas. La contención de la revolución proletaria dentro de un territorio nacional no puede ser más que un régimen transitorio, aunque sea prolongado, como lo demuestra la experiencia de la Unión Soviética. Sin embargo, con la existencia de una dictadura proletaria aislada, las contradicciones interiores y exteriores crecen paralelamente a los éxitos. De continuar aislado, el Estado proletario caería, más tarde o más temprano, víctima de dichas contradicciones. Su salvación está únicamente en hacer que triunfe el proletariado en los países más progresivos. Considerada desde este punto de vista, la revolución socialista implantada en un país no es un fin en sí, sino únicamente un eslabón de la cadena internacional. La revolución internacional representa de suyo, pese a todos los reflujos temporales, un proceso permanente.

Los ataques de los epígonos van dirigidos, aunque no con igual claridad, contra los tres aspectos de la teoría de la revolución permanente. Y no podía ser de otro modo, puesto que se trata de partes inseparables de un todo. Los epígonos separan mecánicamente la dictadura democrática de la socialista, la revolución socialista nacional de la internacional. La conquista del poder dentro de las fronteras nacionales es para ellos, en el fondo, no el acto inicial, sino la etapa final de la revolución: después, se abre un período de reformas que conducen a la sociedad socialista nacional.

(León Trotsky: pp. 59-61)

Se hace necesaria una aclaración con respecto al primer punto, pues el concepto marxista de dictadura del proletariado ha sido a menudo entendido incorrectamente como equivalente a un régimen autoritario o dictatorial. Tiene poco de extraño que se haya dado tal equivocación, por otro lado, pues no hemos conocido históricamente ninguna dictadura del proletariado que no haya tenido dicho carácter, dicho sea de paso. Pero, en cualquier caso, el concepto de dictadura del proletariado definido por Marx conectaba directamente con el significado del vocablo dictadura en la Edad Antigua y no implicaba la imposición de una dictadura de partido (piénsese en la Roma clásica, y no en el moderno Estado totalitario). En otras palabras, Marx concebía la democracia burguesa como un régimen que, en realidad, no permite su propia transformación, se cuente o no con el apoyo democrático de la mayoría. Esto es así debido al hecho de que representa la forma política de Estado que mejor se adapta a los intereses económicos de la burguesía. Pues bien, frente a ello, Marx pensaba que el proletariado vendría a instaurar un régimen similar. Se trata, pues, de una dictadura económica, más que política o social, de la misma forma que la democracia representativa contemporánea también nos impone el sistema capitalista (retocado o no, mixto o no, pero sistema capitalista al fin y al cabo) como realidad económica imperante.

Habría también que recordar, con respecto a este primer aspecto del concepto de revolución permanente, que en el periodo de postguerra (esto es, tras la Segunda Guerra Mundial) no fueron pocos los países colonizados que alcanzaron su independencia aplicando una estrategia similar a la definida por Trotsky en esta obra: saltando por encima del periodo de democracia burguesa prolongada e instaurando directamente la dictadura del proletariado. Todos sabemos ya cómo acabaron dichos experimentos.

Con respecto al segundo punto (esto es, el carácter permanente de la revolución y sus transformaciones), se trata de algo que Mao trató de poner en práctica cuando lanzó su Revolución Cultural en los años sesenta y que, de hecho, se convirtió durante un tiempo en elemento central del maoísmo. No son pocos quienes aún afirman desde la izquierda revolucionaria que idea contiene de hecho la receta fundamental contra la burocratización del Estado y, en último término, la traición a la revolución misma que se dio en la URSS. Y, sin embargo, el hecho de que dicha estrategia fracasara allí donde se ha intentado aplicar (España durante la Guerra Civil gracias al apoyo del POUM y los anarquistas, empeñados en llevar adelante su "revolución en la revolución" o, como decíamos, el maoísmo chino durante los años sesenta) ya debiera darnos qué pensar. La fe trotskista en una revolución que se produce de forma continua hasta que acaba de extenderse por todo el planeta, conduciendo al triunfo final del socialismo, suena precisamente a eso: pura fe.

Y tenemos, por último, el tercer punto (el del carácter internacional de la revolución), íntimamente ligado al segundo, por supuesto. Aquí no queda más remedio que reconocerle a Trotsky el mérito de ser consecuente con las ideas de Marx, quien jamás imaginó la posibilidad de que el socialismo pudiera llegar a implantarse en un solo país. Sin embargo, tampoco es menos cierto que es bien fácil mantener dicha posición cuando no se tienen responsabilidades políticas al frente de un Estado como el soviético, donde ha triunfado aparentemente la revolución obrera y, sin embargo, fracasados los movimientos subversivos que se dieron en 1918 en países como Alemania o Hungría, se ha hecho bien patente la imposibilidad de extenderla a los países de su entorno. ¿Qué hacer entonces? ¿Entregar el poder a la burguesía y restaurar el capitalismo? ¿Lanzar ataques contra los países limítrofes? En fin, la papeleta no era nada fácil. Lo cierto es que la revolución triunfó en Rusia y fracasó en todos los demás países. Y también es igualmente cierto que las naciones capitalistas lograron mantener el peligro revolucionario a raya y establecer un sólido muro de contención. Esa era la realidad con la que tenían que verse los estadistas soviéticos.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Discusiones escolásticas y personalismos varios.

Si algo llama la atención sobre este volumen para alguien que lo lee un poco "desde fuera" (esto es, para alguien que no se siente identificado con la propuesta comunista) es la excesiva carga de personalismo y discusiones escolásticas que tenían lugar entre los miembros de la Internacional Comunista por aquellas fechas. Visto lo visto, tiene poco de extraño, desde luego, que se les echara el toro encima y no reaccionaran a tiempo frente al fascismo y el nazismo. Si Marx criticara los excesos irracionales del anarquismo y la escasa enjundia teórica del socialismo utópico, seguramente cabe también criticar las bizantinas discusiones sobre el sexo de los ángeles en que a menudo cayeron sus seguidores durante las décadas que siguieron a su muerte. En este sentido, La revolución permanente es una buena ilustración de este comportamiento hiper-teorizante y demasiado volcado sobre sí mismo que pareció apoderarse del movimiento comunista al poco de llegar al poder en Rusia (al menos en lo que respecta a Trotsky y los suyos, porque parece claro que si de algo pecaron sus oponentes, quienes apoyaon a Stalin y su despótico régimen del terror, fue precisamente de lo contrario: un chato pragmatismo que exigía sacrificarlo todo en el altar del socialismo en un solo país o, lo que es lo mismo, supeditar las estrategias en todos sitios a los intereses del nacionalismo ruso).

Pero, en fin, entremos en materia. Quizá haya quien piense que mis palabras son demasiado duras, sobre todo teniendo en cuenta que durante mucho tiempo se ha pensado en ciertos sectores de la izquierda que la teoría de la revolución permanente y el trabajo de Trotsky en general podían representar la corriente más "auténtica" del comunismo ruso. No vamos a discutir aquí si Trotsky cometiera o no sus excesos durante la guerra civil contra los rusos blancos (que sin duda los cometió), ni tampoco si en el caso de haberse hecho con el poder podría haber instaurado una dictadura tan cruenta como la de Stalin (lo que me parece bastante probable), sino que limitaremos nuestro comentario al texto en cuestión. Pues bien, el libro está repleto de citas como la siguiente:
Dejaré fijado aquí que Lenin, como he visto confirmado con particular evidencia ahora al leer sus viejos artículos, no llegó nunca a conocer el trabajo fundamental a que he aludido más arriba. Esto se explica, por lo visto, no sólo por la circunstancia de que la tirada del libro Nuestra revolución, publicado en 1906, fuera confiscada casi inmediatamente cuando ya todos nosotros nos hallábamos en la emigración, sino acaso también por el hecho de que los dos tercios del citado libro estaban formados por antiguos artículos y de que muchos compañeros —como pude comprobar después— no lo leyeron por considerarlo una compilación de trabajos ya publicados. En todo caso, las observaciones polémicas dispersas, muy poco numerosas, de Lenin contra la revolución pemanente se basan casi exclusivamente en el prefacio de Parvus a mi folleto Hasta el 9 de enero, en su proclama, que yo entonces desconocía, Sin zar, y en los debates internos de Lenin con Bujarin y otros. Nunca ni en parte alguna analiza ni cita Lenin, ni de paso, mis Resultados y perspectivas, y algunas de las objeciones de Lenin contra la revolución permanente, que evidentemente no pueden referirse mí, atestiguan directamente que no leyó dicho trabajo.

(León Trotsky: p. 88)

Y, se pregunta uno: ¿a quién diantres le importa si Lenin leyó tal o cual libro, tal o cual articulito de marras? Tenemos aquí un ejemplo perfecto de escolasticismo y hermenéutica cuasi-religiosa sobre los textos sagrados del profeta. Lo importante, al parecer, es saber qué opinaba Lenin sobre tal o cual teoría, tal o cual posicionamiento estratégico o incluso táctico, porque se se oponía frontalmente a él, entonces no queda más remedio que tirarlo a la papelera. Tiene poco de extraño, pues, que los comunistas rusos desarrollaran después el tan denostado culto a la personalidad que vino a caracterizar los años del estalinismo. No se trata, parece bien claro, de un fenómeno limitado a Stalin y su séquito, sino que, por el contrario, es un defecto que estaba presente ya en el leninismo inicial, y que afecta a Trotsky tanto como a los demás. Uno puede entrar a discutir si el personalismo estaba ya presente en la doctrina marxista como tal o, por el contrario, se trata de un añadido leninista, pero de lo que no cabe duda alguna es de que podemos verlo en páginas y páginas de este libro. De hecho, casi todo el volumen es un intento de Trotsky de justificar sus teorías contra las de Stalin recurriendo al supuesto favor del "profeta" Lenin. Como decíamos, uno no acierta a ver la diferencia entre este tipo de argumentación y la que se emplearía en una disputa teológica cualquiera: gana quien demuestre ser más fiel a la interpretación literal de los textos sagrados.

Este carácter semi-sagrado que se concede a la figura de Lenin queda aún más patente en otras partes del libro, como en la siguiente cita:
Naturalmente, desde el punto de vista formal, Radek puede apelar de vez en cuando a Lenin. Y es lo que hace: esta parte de los textos, todo el mundo la "tiene a mano". Pero, como demostraré más adelante, las afirmaciones de este género hechas por Lenin respecto a mí tenían un carácter puramente episódico y eran erróneas, esto es, no caracterizaban en modo alguno mi verdadera posición, ni aun la de 1905.

(León Trotsky: p. 107)

Nótese que Trotsky no argumenta (de hecho no lo hace ni una sola vez en este libro) que Lenin pudiera estar equivocado. Se limita a afirmar, una y otra vez, que sus enemigos no entendieron al "maestro" correctamente o incluso han tergiversado sus palabras, pero jamás se plantea siquiera la posibilidad de que Lenin pudiera estar equivocado.

En fin, no vamos a continuar por esta línea porque, como digo, el libro entero está trufado de ejemplos de esta actitud escolástica y dogmática. Si acaso, acabemos esta entrada con una cita más en la que queda bien claro no sólo esta actitud, sino también el aire general de disputa meramente personal que llega a adoptar este libro en numerosos pasajes:
Las mismas cuestiones, pero acaso con una fórmula aún más acentuada, se refieren a la revolución de 1917. Desde Nueva York juzgué en una serie de artículos la Revolución de Febrero con el punto de vista de la teoría de la revolución permanente. Todos estos artículos han sido reproducidos. Mis conclusiones tácticas coincidían por completo con las que Lenin deducía simultáneamente desde Ginebra, y, por lo tanto, se hallaban en la misma contradicción irreconciliable con las conclusiones de Kámenev, Stalin y otros epígonos.

Cuando llegué a Petrogrado, nadie me preguntó si renunciaba a los "errores" de la revolución permanente. Y no había por qué. Stalin se escondía púdicamente por los rincones, no deseando más que una cosa: que el partido olvidara lo más pronto posible la política sostenida por él antes de la llegada de Lenin. Yaroslavski no era aún el inspirador de la Comisión de Control, sino que estaba publicando en Kakutsk, en unión de los mencheviques, de Ordzhonikidze y otros, un vulgarísimo periódico semiliberal. Kámenev acusaba a Lenin de "trostkismo", y al encontrarse conmigo, me dijo: "Ahora si [sic] que está usted de enhorabuena".

(León Trotski: pp. 167-168)

Y en esa línea de dimes y diretes transcurre buena parte del libro. Cierto, hay otros pasajes que pueden dar lugar a fructíferas reflexiones y trataremos aquí sobre algunos de ellos. Pero, en líneas generales, me parece que este tomo es una pérdida de tiempo, a no ser que uno se acerque a él con algún interés histórico particular.