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martes, 30 de agosto de 2011

Helenismo, cristianismo y esquizofrenia.

Racionero lanza una potenta andanada contra dos de los pilares fundamentales de la civilización occidental mientras comenta los puntos esenciales del romanticismo de Blake:
Los griegos partieron al hombre en cuerpo y cabeza, emociones y razón; los cristianos, en cuerpo y espíritu. El actual animal racional que pulula llenando la vida de despropósitos es el producto de dos esquizofrenias, helenismo y cristianismo, cada uno de los cuales es a su vez esquizofrénico.

(Luis Racionero: Filosofías del underground, p. 30)

No anda muy lejos de las posiciones que han mantenido más recientemente los pensadores postestructuralistas en su intento de desmontar el dualismo metafísico occidental siguiendo los pasos de Nietszche. Una vez más, lo sensato sería sostener un sabio punto medio que evite los extremos, afirmando así a ambos, cuerpo y cabeza, emociones y razón, cuerpo y espíritu, en lugar de aferrarse a uno de los elementos del binomio mientras rechazamos el otro en una estéril lucha contra molinos de vientos que no puede sino terminar en derrota anunciada. Pero, claro, mantener ese sano equilibrio no es nada fácil. Puede llevar toda una vida sin que uno acierte a encontrarlo.

lunes, 14 de julio de 2008

Otra visión de los Evangelios.

Mendoza nos ofrece una visión alternativa de los Evangelios, una visión más abierta y tolerante, más humana. Lo hace, por supuesto, de forma paródica. No se lo toma en serio. Simplemente deja caer la posibilidad de que la Sagrada Familia fuera mucho más humana de lo que habitualmente se piensa, y la verdad es que, al menos en mi caso, el retrato me parece mucho más rico y atractivo. Así, tras dejar a Jesús en casa de Zara, la prostituta de Nazaret, Pomponio se encuentra a José:
Me acerco a él, me reconoce y me pregunta por qué no está conmigo su hijo Jesús. Le tranquilizo al respecto, diciéndole que lo he dejado muy bien acompañado en un lupanar.

Me parece una buena idea —dice José—. Soy tolerante en grado sumo y cualquier cosa me parece preferible a que mi hijo presencie el espectáculo que estoy a punto de dar [le van a ejecutar, acusado del asesinato del rico Epulón]. A partir de ahora deberá ingeniárselas por su cuenta y cuanto antes aprenda cómo funciona este mundo, mejor le irá en él.

(Mendoza: p. 69)

No sólo resulta cómico leer dicho diálogo, sino que seguramente no faltará quien lo considere blasfemo, sobre todo entre los cristianos más ortodoxos y dogmáticos. Pero la Sagrada Familia que nos retrata Mendoza es así, humana, muy humana. Tienen una fe firme en Dios, pero ello no quita para que también sepan disfrutar de la vida y mostrarse tolerantes y comprensivos ante los defectos de la gente. Personalmente, pienso que se trata de un retrato mucho más fiel y consistente que el que suele provenir del integrismo religioso.

Por supuesto, algunas de las mejores muestras de humor relacionado con los Evangelios y la Sagrada Familia se producen gracias a la complicidad entre el lector y el autor, pues aunque Pomponio no era consciente de la significancia histórica de los personajes con quienes se estaba relacionando nosotros sí que sabemos perfectamente en qué terminarán las correrías del pequeño Jesús. Así, cuando Pomponio y Jesús se dirigen a la carrera hacia algún sitio y el gaseoso ciudadano romano irremediablemente se queda atrás, Jesús le tira del faldón para que se dé prisa y Pomponio responde así:
Cuando seas mayor —le dije—, ya verás tú lo que es ir por un camino empinado sin que te den respiro.

(Mendoza: p. 114).

Por no hablar de este otro ejemplo hacia el principio del libro:
Mira, Jesús, todos los niños de tu edad creen que sus padres son distintos al resto de las personas. Pero no es así. Cuando crezcas descubrirás que tu padre no tiene nada de especial.

(Mendoza: pp. 28-29)

miércoles, 4 de junio de 2008

Igualdad y cristianismo.

Según leo, las convicciones cristianas de Blair también tuvieron una enorme influencia en su forma de entender el concepto de igualdad:
Él ofrecía una perspectiva diferente de la igualdad. Afirmaba que el ideal es esencial para el cristianismo porque, como dicen los evangelios, todos los seres humanos son iguales a los ojos de Dios. "Pero esto no significa que seamos uniformes en posición o carácter, sino más bien que, a pesar de nuestras diferencias, tenemos derecho a ser tratados igualitariamente, sin tener en cuenta la riqueza, la raza, el sexo o la posición social. Todos debemos tener la oportunidad de realizarnos al máximo".

(Stephens: p. 41)

Se trata, en definitiva, de la igualdad de oportunidades, que se contrapone tanto a las convicciones neoliberales y afirmadoras de la desigualdad "natural" como al igualitarismo finalista de posiciones políticas de la izquierda tradicional. En este sentido, el concepto blairiano de igualdad es perfectamente compatible con la tradición socialdemócrata y democristiana de profundo arraigo en la Europa continental, y no lo es tanto con el liberal-conservadurismo thatcheriano, por más que él siempre se presentara como una superación cuasi-hegeliana (esto es, no por oposición, sino por síntesis) del thatcherismo. Supone, por consiguiente, creo yo, un acercamiento al modelo social europeo del que los británicos siempre se mantuvieron apartados. Tiene, pues, poco de extraño que Blair fuera también uno de los líderes políticos del Reino Unido más pro-europeos, un auténtico islote en un mar de euroescepticismo.