lunes, 12 de septiembre de 2011

"My Pretty Rose Tree"

Another favorite:
A flower was offerd to me:
Such a flower as May never bore.
But I said I've a Pretty Rose-tree,
And I passed the sweet flower o'er.

Then I went to my Pretty Rose-tree,
To tend her by day and by night.
But my Rose turnd away with jealousy,
And her thorns were my only delight.

(William Blake: Canciones de Inocencia y de Experiencia, p. 134)

How to read this? Did the poet turned down a pretty flower because he thought he had a whole lot of them waiting for him but, in the end, he could not enjoy anything?

"The Sick Rose": satyre or simple love poem?

According to the literary critics who edited this book for the Spanish publisher Cátedra, the poem titled "The Sick Rose" is a "poem with a satyric background where the rose may represent the woman, beauty, romantic love" and may actually be "a veiled attack against the common conception of love as something sinful":
O Rose thou art sick.
The invisible worm
That flies in the night,
In the howling storm,

Has found out thy bed
Of crimson joy:
And his dark, secret love,
Does thy life destroy.

(William Blake: Canciones de Inocencia y de Experiencia, p. 126)

Perhaps they are right. However, I think they read too much into it, as it tends to happen to literary critics. I prefer to read it as a simple love poem. Actually, I think it is much more beautiful that way. The critics dissecting things to death once again?

"Holy Thursday" or the cry against poverty and despair.

William Blake writes when the Industrial Revolution is changing England, destroying the old peasants' lives and starting to lay the foundations of a new society that will replace it. Needless to say, with it, the transition to a new society also brings plenty of suffering and despair:
Is this a holy thing to see
In a rich and fruitful land,
Babes reduced to misery
Fed with cold and usurous hands?

Is that trembling cry a song?
Can it be a song of joy?
And so many children poor?
It is a land of poverty!

And their sun does never shine,
And their fields are bleak & bare,
And their ways are fill'd with thorns
It is eternal winter there.

For where-e'er the sun does shine
And where-e'er the rain does fall,
Babe can never hunger there,
Nor poverty the mind appall.

(William Blake: Canciones de Inocencia y de Experiencia, p. 120)

It is an intrinsic part of Romanticism, of course, although they criticize the negative consequences of modern society in the name of a return to the old ways that will never happen. Theirs is an attitude full of nostalgia.

Favorite poems from "Songs of Innocence".

The two poems I like the most from Songs of Innocence can be found towards the end of the book. The first one is titled The Blossom:
Merry Merry Sparrow
Under leaves so green,
A happy Blossom
Sees you swift as arrow
Seek your cradle narrow
Near my Bosom.

Pretty Pretty Robin
Under leaves so green
A happy Blossom
Hears you sobbing sobbing.
Pretty Pretty Robin,
Near my Bosom.

(William Blake: Canciones de Inocencia y de Experiencia, p. 104)

The other one is titled Night, and it is considerable longer:
The sun descending in the west,
The evening star does shine.
The birds are silent in their nest,
And I must seek for mine.
The moon like a flower
In heavens high bower:
With silent delight
Sits and smiles on the night.

Farewell green fields and happy groves,
Where flocks have took delight;
Where lambs have nibbled, silent moves
The feet of angels bright;
Unseen they pour blessing
And joy without ceasing,
On each bud and blossom
And each sleeping bosom.

They look in every thoughtless nest,
Where birds are covered warm;
The visit caves of every beast,
To keep them all from harm.
If they see any weeping
That should have been sleeping
They pour sleep on their head
And sit down by their bed.

When wolves and tygers howl for prey
They pitying stand and weep;
Seeking to drive their thirst away,
And keep them from the sheep.
But if they rush dreadful
The angels most heedful,
Recieve each mild spirit
New worlds to inherit.

And there the lions ruddy eyes
Shall flow with tears of gold.
And pitying the tender cries,
And walking round the fold,
Saying: wrath by his meekness
And by his health, sickness
Is driven away
From our immortal day.

And now beside thee bleating lamb,
I can lie down and sleep;
Or think on him who bore thy name,
Graze after-thee and weep.
For wash'd in lifes river
My bright mane for ever
Shall shine like the gold
As I guard o'er the fold.

(William Blake: Canciones de Inocencia y de Experiencia, pp. 108-110)

sábado, 10 de septiembre de 2011

Canciones de Inocencia y de Experiencia.

Este volumen bilingüe recoge en un mismo libro dos obras del poeta romántico William Blake que fueron publicadas juntas en vida del autor: las Canciones de Inocencia y las Canciones de Experiencia. Con ello, tenemos entre manos un libro que recopila prácticamente toda la formulación simbólica del autor. Da cierta vergüenza ajena, he de reconocer, reproducir las siguientes palabras recogidas en la propia contraportada del libro: "La inocencia y la experiencia representan tanto estados contradictorios del alma humana como situaciones sociales incompatibles en las que confluyen circunstancias materiales y relaciones sociales que implican un cambio de vida". Casi se diría que los autores del estudio introductorio se hubieran propuesto acabar con sus herramientas de disección todo lo que aún pudiera quedar de vida en las palabras de Blake.

Descripción técnica:
Título: Canciones de Inocencia y de Experiencia.
Autor: William Blake.
Editorial: Cátedra.
Edición: primera edición, Madrid, 1987.
Páginas: 169 páginas, incluyendo introducción.
ISBN: 84-376-0668-3

lunes, 5 de septiembre de 2011

Taoísmo: un pensamiento actual en pleno siglo XXI.

Racionero reivindica la actualidad del taoísmo:
Entre las formas de conocimiento orientales, el taoísmo tiene en nuestros días una relevancia enorme por dos motivos: en el nivel social, porque puede resolver la crisis ecológica creada por la visión judeocristiana de antagonismo a la naturaleza; y en el nivel individual, porque puede poner a la persona en contacto con los ritmos de la naturaleza y con el fluir de las energías en su cuerpo. Veamos sucesivamente estos dos aspectos, que giran en torno a los conceptos que los chinos denominan Li (orden) y Chi (vibraciones).

El taoísmo es una filosofía que excluye el concepto de ley y lo sustituye por el de orden; este orden es como un ritmo armonizando una infinidad de ritmos menores. Algunos pensadores modernos como Granet y Wilheim, según señala Joseph Needham en su monumental Ciencia y civilización en China, han denominado al pensamiento chino "pensamiento asociativo o coordinativo". Este sistema intuitivo-asociativo tiene su propia causación y su lógica. No es supersticioso ni primitivo, sino una forma de pensamiento autóctona y original. Wilheim la contrasta con el "pensamiento subodinativo" característico de la ciencia europea, que pone el énfasis en la causación externa. En el pensamiento coordinativo, los conceptos no se subsumen unos bajo otros, sino que se colocan unos al lado de otros, en una estructura; los sucesos no se influencian unos a otros por actos de causación mecánica, sino por una especie de inductancia. Por supuesto, los pensadores taoístas deseaban igual que los europeos conocer las causas en la naturaleza, pero esto no quería decir lo mismo en China que en los naturalistas de Grecia. El concepto clave del pensamiento chino es Orden, y sobre todo, Estructura. Las cosas se comportan de un cierto modo, no necesariamente debido a acciones anteriores o impulsos de otras cosas, sino debido a que su posición en el universo cíclico, en perpetuo movimiento, les confiere una naturaleza intrínseca que les obliga a ese comportamient. Si no se movieran así, perderían sus posiciones relativas en el conjunto y se convertirían en otra cosa. La naturaleza de una cosa depende de su posición: de ahí la importancia de la estructura.

(Luis Racionero: Filosofías del underground, pp. 96-97)

La relación con la teoría de sistemas debiera ser bien obvia. En este sentido, el taoísmo aún puede ser relevante, al menos como filosofía o aproximación general al estudio de la realidad. Racionero puede tener razón en su reivindicación de una metodología más flexible, abierta y totalizante que el mecanicismo ramplón y, de hecho, algo de esto ya hemos ido viendo en las últimas décadas. Aunque la ciencia aún guarde muchos de sus hábitos de antaño, ha ido adquiriendo una conciencia cada vez más clara de la interrelación entre los distintos fenómenos que estudia. De ahí que haya crecido el interés no sólo por la ya mencionada teoría de sistemas, sino también por temas como el estudio de la complejidad y el caos.

En cualquier caso, creo que cualquier observador medianamente objetivo estará de acuerdo conmigo si afirmo que las ciencias han ido evolucionando recientemente hacia un nuevo paradigma más centrado en una visión sistémica, asociativa y organicista de las cosas:
Este pensamiento organicista es necesario para extirpar las raíces filosóficas de nuestra crisis ecológica; raíces que consisten en las dualidades hombre-naturaleza, espíritu-materia, dios-creación, introducidas erróneamente por la tradición judeocristiana, y en la asimilación de lo vivo a una máquina, realizada por la reductiva ciencia mecanicista del siglo XVII.

(Luis Racionero: Filosofías del underground, p. 101)

No obstante, estamos aún en mitad del proceso que nos conduce hacia este otro paradigma. Nos encontramos en transición. Y se trata quizá de una transición en la que tiene mucho que ver la influencia del pensamiento contracultural allá por la década de los sesenta.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Reflexiones sobre la lengua china.

Racionero hace unas reflexiones sobre la lengua china que, en verdad, ignoro si se ajustan a la realidad o, por el contrario, no hacen sino idealizarla:
En chino no hay nombres sino sucesos que le pasan a algo: modos de unos tipos de acción. Por ejemplo: el ideograma para comensal es un hombre y un fuego. "Un verdadero sustantivo, una cosa aislada, no existe en la naturaleza. Las cosas son sólo puntos terminales o más bien, los puntos de encuentro de acciones. Un verbo puro, un movimiento abstracto tampoco es posible en la naturaleza. El yo ve el sustantivo y el verbo como una sola cosa: cosas en movimiento o movimiento de las cosas". (E. Fenollosa, La escritura china).

(Luis Racionero: Filosofías del underground, p. 94)

¿Es realmente así o, por el contrario, Racionero está idealizando (y hasta tergiversando) las cosas? No iba a ser la primera vez que se echa mano de lo exótico para ilustrar un punto de vista, precisamente porque, al ser exótico, lo ignoramos más y es más difícil demostrar que lo que se está diciendo es falso.

Platón vs. Patanjali, filosofía vs. yoga.

Racionero contrapone Platón y Patanjali, pensamiento filosófico y yoga, como clara ilustración de los diferentes caminos que tomaron Occidente y Oriente, respectivamente:
En este programa de uso de la mente se separaron Oriente y Occidente: para llegar al conocimiento, Occidente razona, mientras que Oriente respira. Occidente construye cadenas de argumentos con palabras y conceptos, según unas reglas llamadas lógicas. Esta forma de conocimiento fue propuesta como única válida por los griegos y aceptada después por los europeos, que le añadieron en el siglo XVII el método empírico de observación visual ayudada por aparatos de medición. Es un método muy útil, muy productivo y que ha creado la tecnología moderna. Pero es sólo uno de los métodos de conocimiento, no el método; es un juego con ciertas reglas, un acuerdo entre caballeros que sirve para investigar y manipular algunos aspectos de la naturaleza. Es el juego mental propuesto por los griegos y que a estas alturas de la historia ya ha dado de sí todas sus novedades y comienza a constreñir a la mente con sus reglas. H. G. Wells decía que la razón ha llegado al final de su viaje, y quizás expresaba el sentir de nuestra generación, que anhela un uso más total de todas las facultades mentales, de todas las formas de conocimiento.

(Luis Racionero: Filosofías del underground, p. 90)

Ya tenemos delineados, pues, dos proyectos de conocimiento radicalmente distintos: razón frente a respiración (Racionero se toma aquí una cierta licencia poética, pues aunque el yoga evidentemente centra su atención en la respiración, tampoco es que se pretenda que la respiración nos dará las repuestas a los interrogantes que tenemos planteados).

Platón y Patanjali se nos presentan entonces como dos modelos contrapuestos:
Las formas de conocimiento alternativas, razón y yoga, quedaron sistematizadas por escrito, por primera vez, en el siglo V a. de J.C. en Platón y Patanjali. Platón hizo un juicio de valor de enorme importancia, que marcó decisivamente la dirección del pensamiento occidental desde entonces; Platón puso a Europa en un viaje mental del que no ha salido todavía. Hay razones para suponer que ese viaje está llevando a nuestra civilización por derroteros peligrosos.

Platón rechazaba las nociones de Heráclito sobre el cambio, e hizo esta opción definitiva para Occidente. Contra el mundo en flujo, Platón estableció un estándar de realidad fijo: las ideas eternas e inmutables. Las palabras son su representación física. Las palabras o conceptos son a la realidad lo que una foto es a una película. El cambio, que según Heráclito y los orientales es la realidad, para Platón era inadmisible, porque el cambio hace imposible el conocimiento, o al menos relativo, y ese tipo de conocimiento, para Platón, no tienen ningún valor.

(Luis Racionero: Filosofías del underground, pp. 90-91)

Es más, para Platón el mundo siempre cambiante no es sino una irrealidad de sombras chinescas. Ahí hunde sus raíces el proyecto entero de filosofía occidental, como bien observara Nietzsche muchos siglos después. Todo el edificio de la filosofía occidental está construido sobre esta metafísica dualista e idealista que construyeran Sócrates y Platón. Por consiguiente, lo que a nosotros nos han parecido diferencias claras de pareceres y distancias absolutamente insalvables entre los distintos pensadores no es, visto desde este otro punto de vista, sino meras trifulcas sin importancia sobre el color en que debemos pintar las paredes de la cárcel que nos encierra.

El haiku como expresión lírica de la filosofía zen.

Entrando ya en el orientalismo, Racionero centra su atención en la forma poética conocida como haiku, vista como expresión lírica del ideal budista zen, que define como una conexión directa con la realidad que nos circunda:
El zen no es una filosofía sino una actitud vital, el cultivo de un estado mental que se relaciona con lo exterior con total inmediatez, sin tiempo ni espacio de por medio. (...) El pensamiento siempre es viejo y nunca puede ser libre porque está sujeto al pasado y no puede ver lo nuevo. (...) El pensamiento sirve para llegar puntualmente a una cita o construir un motor, pero para penetrar el misterio de la experiencia, el pensamiento llega siempre tarde. Es como retener con el pensamiento el placer de un aroma que se va sobre la brisa.

(Luis Racionero: Filosofías del underground, p. 82)

Obsérvese que no consiste en rechazar el uso de la razón como herramienta, sino solamente de criticar su primacía en todos los órdenes de la vida. El racionalismo se encuentra en los fundamentos mismos de la sociedad moderna, con todos sus progresos y libertades individuales. No queda más remedio que reconocerlo. Pero ello no quita para que no deje uno de apuntar también las nefastas consecuencias que puede haber tenido (y que está teniendo) en otros ámbitos de la vida. Al igual que las nuevas tecnologías, la razón no en sí positiva no negativa, sino que todo depende de cómo se use. Bien está hacer uso de la razón para poner en marcha un proyecto o planificar la jornada de trabajo, pero no para dirigirnos a la persona amada.

El zen, por contraposición, subraya la necesidad de lograr una conexión directa con la realidad que nos circunda. Intenta aprehender la realidad sin pasarla por el velo de la razón. Pues bien, el haiku es, como herramienta poética, la expresión perfecta de ese espíritu:
El haiku es la forma poética ideal para expresar impersonalmente la percepción inmediata; es un poema de tres versos de 5, 7 y 5 sílabas, que no busca la belleza, sino la significación, afirmando que la naturaleza real de todas las cosas es poética. Jamás se describe explícitamente la emoción humana pero, con característica reticencia oriental, los fenómenos naturales se usan para reflejarlas.

(Luis Racionero: Filosofías del underground, p. 84)

Lo más cercano que puedo concebir en la tradición occidental es el microrrelato, que está teniendo un enorme éxito últimamente.

sábado, 3 de septiembre de 2011

El crepúsculo de los ídolos.

Considerado por muchos uno de los libros más asequibles (intelectualmente hablando) de Nietzsche, suele ser recomendado como introducción a la filosofía vitalista e irracional del filósofo alemán. En El crepúsculo de los ídolos, Nietzsche arremete despiadadamente contra la filosofía de Sócrates y Platón que ha venido a marcar a todo el pensamiento occidental en su conjunto, acusándoles de iniciar la decadencia del espíritu griego y, con ello, de ser la razón última de la decadencia de nuestro propio mundo.

El libro, también titulado a menudo Cómo se filosofa a martillazos, propone como solución a esta decadencia una "transmutación de los valores" que caracterizan a nuestra civilización, proyecto que después retomarían filósofos como Heidegger y los pensadores postmodernos, que en buena parte vienen a reflejar las inquietudes de nuestro presente.

Ficha técnica:
Título: El crepúsculo de los ídolos.
Autor: Friedrich Nietzsche.
Editorial: Folio.
Edición: primera edición, Colección Grandes Ideas, Barcelona (España), 2007 (1889).
Páginas: 127 páginas.
ISBN: 84-413-2201-5

miércoles, 31 de agosto de 2011

Un socialismo libertario frente al industrialismo centralista, gris y jerarquizado.

Por último, junto al Romanticismo y la influencia de Hermann Hesse, Racionero también señala al anarquismo o socialismo libertario como último elemento que influye en la corriente individualista y de rebeldía del underground. En este sentido, siguiendo la ortodoxia anarquista (que también existe, como no podía ser menos), Racionero culpa al sedentarismo de los grandes males de la Humanidad:
En cuanto el hombre deja de ser cazador nómada recolector, y se asienta como campesino, acotando terrenos de familia o clan, aparecen la ciudad y la guerra. La ciudad sobre la base de los excedentes de producción de la flamante agricultura sedentaria; la guerra y el ejército para defender o tomar lo apropiado y apropiable. Ni la ciudad ni la guerra existen en la naturaleza, son una invención humana causada por la agricultura sedentaria y el derecho de la propiedad.

(Luis Racionero: Filosofías del underground, p. 65)

He de reconocer que, personalmente, dicha descripción me parece excesivamente simplificadora. Cierto, el sedentarismo probablemente se encuentre detrás del concepto de propiedad, el de familia entendida desde un punto de vista más estricto y también cabe pensar que haya sido la causa principal de los modos de organización jerarquizada, las clases sociales y la apropiación del excedente (esto último porque, sencillamente, antes apenas se daba). Todo ello me parece probable, aunque no tengo los conocimientos necesarios de antropología como para saber si nada de ello ha quedado demostrado fehacientemente (no que esto parezca molestar a Racionero, capaz de lanzarse a hacer afirmaciones como éstas sin prueba alguna). Ahora bien, el asunto de la guerra me parece mucho más discutible, sobre todo teniendo en cuenta que este tipo de conflictos se dan hasta entre primates de lo más cercano al hombre. ¿Qué la mayor organización social pueda haber incrementado la fuerza destructiva del ser humano en sus conflictos? Seguramente. Pero dudo mucho que podamos achacar la existencia de guerras a la sedentarización.

Mucho más acertado me parece Racionero al describir las críticas del underground contra el marxismo y los sistemas del llamado socialismo real:
El marxismo, al ser un socialismo científico, cae en la misma forma de pensamiento que el utilitarismo: el mismo cientifismo racionalista que acaba llevando a la promediación del hombre, a la concentración industrial, al gigantismo burocrático, al sacrificio de la individualidad humana en aras de entelequias racionalistas como "las masas" (en el marxismo) o "la utilidad" (en el capitalismo).

(Luis Racionero: Filosofías del underground, p. 68)

En otras palabras, capitalismo y socialismo marxista comparten un mismo tronco común: el pensamiento racionalista, cientifista y, en último término, la metafísica dualista que heredamos de la Grecia clásica. Nada de esto tiene nada que ver con la apuesta del underground y, entre todas las ideologías políticas contemporáneas, ciertamente el anarquismo parece ser la única que se esfuerza por encontrar un nuevo camino. De ahí las conexiones subterráneas entre anarquismo, romanticismo, orientalismo, etc. Como bien afirma Racionero, todas ellas apuestan por un mundo fundamentalmente diferente:
Para recuperar la escala humana, tanto la descentralización tecnológica como la urbana, tropiezan con un obstáculo enorme: ambas exigen una fragmentación del poder político y económico. (...) Los conceptos anarquistas de comunidad equilibrada, democracia cara a cara, tecnología humanista y sociedad descentralizada son hoy día no tan sólo deseables, sino imprescindibles.

(Luis Racionero: Filosofías del underground, pp. 73-74)

Suena utópico, ¿verdad? Haciendo un repaso general a las fuerzas políticas más representativas de la actualidad, solamente los partidos verdes parecen acercarse, creo, a este tipo de propuestas de las que habla Racionero.

Hermann Hesse y la nueva moral.

También Hesse, para Racionero, va tanteando en busca de la nueva moral del hombre contemporáneo. Se trata de una moral más abierta y flexible que la que heredamos de la tradición judeocristiana occidental:
Hermann Hesse se lee en el "underground" porque actualiza una cuestión de fondo planteada por Dostoievsky y más tarde por Nietzsche: la necesidad de una nueva ética. (...) La vieja moral judeocristiana es demasiado estrecha para el hombre contemporáneo, al cual constriñe con un excedente de represión que ya no puede justificar.

(Luis Racionero: Filosofías del underground, p. 52)

En esto, como en tantas otras cosas, Hesse y los románticos conectan no sólo con Nietzsche y Dostoievsky, sino también con los pensadores postmodernos contemporáneos. También estos luchan por construir una nueva moral alejada de moralinas y normativas tajantes, abierta y fluida, tolerante y que evite el etnocentrismo. Se trata de reivindicar la importancia del pensamiento débil frente a los sistemas filosóficos de antaño que, aún pareciendo sólidos, escondían en realidad la fragilidad de su propia incapacidad para adaptarse a una realidad en constante cambio. Pero, cuidado, porque no debemos confundir esta nueva moral con el todo vale o el hedonismo descerebrado, como explica Hesse en su novel Demian:
"No quiero decir que debes hacer simplemente todo lo que te pase por la cabeza. No. Pero no debes cortar y rechazar esas ideas exorcizándolas o moralizando sobre ellas. Debes tratar tus impulsos y las llamadas tentaciones con respeto y amor. Entonces te revelerán su significado, y todas ellas tienen significado. Si te viene otra vez al pensamiento algo verdaderamente loco o pecaminoso, si quieres matar a alguien o cometer alguna enormidad, Sinclair, piensa en ese momento que es Abraxas quien está fantaseando dentro de ti. La persona que quieres eliminar no es nunca, por supuesto, el Sr. X, sino una mera excusa. Si odias a una persona, es porque odias algo en ella que está dentro de ti; lo que no es parte de nosotros, no nos inquieta".

(Luis Racionero: Filosofías del underground, p. 56)

Esa última frase tiene claras resonancias con la filosofía oriental, que es precisamente la segunda pata de ese taburete que Racionero llama filosofías del underground. O, lo que es lo mismo, no podemos entender esta nueva moral sin conectarla con un cierto espiritualismo que tampoco debe confundirse con la fe tradicional, aferrada a sus dogmas y sus jerarquizadas instituciones. Conviene tener bien presente que cualquier aproximación a esta moral del superhombre sin apoyarse en esa vena espiritual puede conducir a excesos devastadores. No hará falta, seguramente, que recuerde los grandes crímenes cometidos durante el siglo XX.

Byron y la imaginación rebelde como nueva moral.

Racionero ve en la vida y obra de Byron una afirmación de los principios fundamentales del Romanticismo, así como una reacción contra la vida gris, controlada, jerarquizada y aburrida que la incipiente sociedad industrial ya dejaba entrever. Pero, en su opinión, la rebeldía de Byron va mucho más allá de la mera crítica, adquiriendo una connotación positiva (en el sentido dialéctico, al menos) en lo que supone de tanteos y experimentos con una nueva moral que haga resurgir al hombre de sus cenizas:
Byron es el primero en la serie de escritores continuada por Dostoievsky, Nietzsche y Hesse, que plantea la exigencia de una moralidad nueva. (...) Byron plantea la Revolución Cultural romántica contra el clasicismo de la Inglaterra imperialista, comercial y aburguesada. Dice Herbert Read que los clásicos son raccionarios en política porque el clásico quiere imponer un orden al flujo exuberante y barroco de la vida. Los románticos quieren nadar en ese río, romper los diques de la razón clásica y fluir libremente en el río de las emociones. Por eso mismo son revolucionarios en política: razón es autoritarismo, emoción es libertad; los románticos, aunque algunos racionalistas pretendan lo contrario, son los auténticos revolucionarios culturales, anarquistas morales y emocionales no asimilables por el sistema.

(Luis Racionero: Filosofías del underground, pp. 41-42)

Ciertamente, visto de esta forma, la conexión entre el Romanticismo y pensadores como Nietzsche o escritores como Dostoievsky y Hesse debiera ser más o menos evidente. Todos ellos levantan acta de la podredumbre que les rodea, tienen la visión suficiente para observar que el nuevo mundo industrial que se alza ante sus ojos promete sin duda la satisfacción de las necesidades materiales (aun a costa de dejar de lado las preocupaciones espirituales) y se proponen hacer tabula rasa con todo ello y apostar por una nueva moral que, en el caso de Nietzsche, llamaría del superhombre. Con ello no quería sino subrayar que se trataba de un hombre nuevo, construido desde cero, modelado con la arcilla informe que nos dejaba el hombre racionalista e industrial. En parte, cabría decir que aún estamos construyendo esa nueva moral hoy día, reconstruyéndolo el puzzle con piezas de los románticos y Nietzsche, Dostoievsky y Hesse, pero también de Foucault, Derrida y Deleuze, entre muchos otros. Si los conservadores de hoy día les desprecian tanto es precisamente por eso, porque sus respectivos pensamientos representan el embrión de algo nuevo que aún está por venir. Llevamos ya más de un siglo modelando y construyendo y todavía no se aprecian las formas de esa nueva moral del futuro, pero todo parece indicar que es lo que nos espera.

martes, 30 de agosto de 2011

Helenismo, cristianismo y esquizofrenia.

Racionero lanza una potenta andanada contra dos de los pilares fundamentales de la civilización occidental mientras comenta los puntos esenciales del romanticismo de Blake:
Los griegos partieron al hombre en cuerpo y cabeza, emociones y razón; los cristianos, en cuerpo y espíritu. El actual animal racional que pulula llenando la vida de despropósitos es el producto de dos esquizofrenias, helenismo y cristianismo, cada uno de los cuales es a su vez esquizofrénico.

(Luis Racionero: Filosofías del underground, p. 30)

No anda muy lejos de las posiciones que han mantenido más recientemente los pensadores postestructuralistas en su intento de desmontar el dualismo metafísico occidental siguiendo los pasos de Nietszche. Una vez más, lo sensato sería sostener un sabio punto medio que evite los extremos, afirmando así a ambos, cuerpo y cabeza, emociones y razón, cuerpo y espíritu, en lugar de aferrarse a uno de los elementos del binomio mientras rechazamos el otro en una estéril lucha contra molinos de vientos que no puede sino terminar en derrota anunciada. Pero, claro, mantener ese sano equilibrio no es nada fácil. Puede llevar toda una vida sin que uno acierte a encontrarlo.

La revolución romántica de Blake.

La primera gran corriente que Racionero estudia como componente fundamental de la gran corriente underground es el romanticismo inglés, firme defensor de la imaginación y los sentimientos, lo irracional y oculto, frente al imparable avance de un racionalismo encarnado en el naciente capitalismo industrial:
Blake fue el primero que, en medio del entusiasmo y la admiración por la ciencia y la tecnología de la revolución industrial, denunció el esclavizamiento físico que traerían los "oscuros molinos satánicos" (dark satanic mills) y la esclavización mental que causaría la "visión única y el sueño de Newton". Blake fue el primero en cuya obra la liberación mental y la social están inseparablemente tratadas.

(Luis Racionero: Filosofías del underground, pp. 25-26)

Conviene no olvidar, eso sí, que muchos de esos escritores románticos ingleses fueron en realidad hijos de la clase acomodada, ricachones con suficiente tiempo libre como para dedicarse a sus poesías y sus viajes mientras la mayoría de sus conciudadanos se afanaban en salir adelante en los sucios barrios industriales que tan claramente describieran Dickens o Engels. Obviamente, no por ello dejaban de tener parte de razón en sus admoniciones contra los excesos de una industrialización forzada que hundía a sectores enteros de la población en la miseria para enriquecer a unos cuantos, al tiempo que hacía añicos la alta cultura que había existido hasta entonces. Porque, no lo olvidemos, buena parte de la reacción romántica ante el proceso industrializador tiene bastante que ver con un elitismo reaccionario y nostálgico de la sociedad aristocrática que ya estaba en claro declive, aunque ello no quite para que reconozcamos que, desde entonces, sus quejas son precisamente las mismas que venimos repitiendo todos los que nos empeñamos en defender parcelas de libertad y autonomía individuales frente a una estructura social cada vez más poderosamente uniformizadora. En ese sentido, todavía se le puede sacar partido al romanticismo.