No es posibe conseguir mediante reformas que se convierta en amigo de la Tierra un sistema cuya dinámica esencial es la depredación creciente e irreversible. Por eso lo razonablemente reformista es, también en esto, irracional.La opción, para él, está bien clara: socialismo o barbarie. En esto no puede haber medias tintas. Ni puede existir un eco-capitalismo que se le antoja incluso más utópico que el socialismo, ni tampoco le parece pensable una salida meramente tecnológica al problema. En este sentido, Sacristán hubiera adoptado una actitud claramente escéptica ante los llamamientos de Obama a apostar por las energías renovables. No se hubiera opuesto a la política en sí, por supuesto, pero sí que le hubiera parecido impensable que el sistema capitalista fuera capaz de llevar a cabo una reestructuración real y profunda de su política energética. Sencillamente, apuntaría que los intereses de las grandes multinacionales acabarían por imponerse a las buenas intenciones de cualquier Administración. El problema, claro está, es que las cosas no son siempre tan nítidas. No va a ser la primera vez que el capitalismo acierta a adaptarse a las nuevas circunstancias. De hecho, si algo quedó claro durante el tumultuoso siglo XX es, precisamente, que el capitalismo tiene mucha más capacidad de adaptación de la que sus enemigos jamás imaginaron. Y ello sin entrar a analizar el hecho incontrovertible de que los sistemas del socialismo real fueron, en lo que respecta a su relación con el medio ambiente, tan contaminantes o más que el capitalismo "depredador". La filosofía productivista no es patrimonio sólo del capitalismo.
(Manuel Sacristán: pp. 20-21).
V.Y.Mudimbe (1941-2025)
Hace 12 horas
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